Las motos

Mi primer recuerdo, del que tengo memoria, es ver mis propios brazos, mis manos, agarrando el manillar de la moto de mi padre. Él era un verdadero loco de las motocicletas, con deciros que teniendo un buen coche, liaba a mi madre, y ahi se iban los dos con sus monos de cueros ¡hasta Paris!, en un tiempo en que las carreteras en España eran como una loteria, llenas de baches y peligros.
En aquel momento, hablo de mis tres años, tenía una Royal Enfield, máquina bicilíndrica inglesa, que aún se sigue fabricando en la India. Para mí fue como si ahora me hubiera llevado la NASA a un viaje orbital. No era que mi padre me llevara sentado encima del depósito de combustible, era que "yo pilotaba la moto", creánlo, el aire azotando mi cara, la vibración que me sacudía el cuerpo, me dejó una gran impresión, que aún me dura.

He tenido, en mi juventud, varias motos, todas con sus virtudes y defectos, pero todas sin excepción me han dado satisfacciones y vivencias muy entrañables, por lo que les tengo un cariño muy especial. De verdad, aún hoy, a mis 57 años, veo una moto aparcada en la calle, y me quedo mirando para ella, embelesado, ensoñando experiencias.

1 Memoriosos:

jovialiste dijo...

Kant sostiene que una relación positiva sólo es posible entre los que admiran un mismo objeto.