Hemos sido víctimas alegres de Aaron Spelling, que nos asestó con toda la batería de series de tv de los años 70 y 80. Todos los lunes a las 20, una hora antes del temido noticiero de la década (que interrumpía la transmisión de la programación normal con la imagen del escudo de la patria mía) esperaba ansiosa -y molesta porque generalmente me dormía sobre la mesa, arriba del plato de la cena, o en el brazo de un sillón- la llegada de Jaimie Summers, una maestra de escuela común y corriente, protagoniada por Lindsay Wagner, a la que llamaban "La Mujer Biónica", porque la fantasía megalómana del yankee le había injertado un oído ultrasensible, unas piernas velocísimas, y un brazo destructor.
Ahí no terminaba el interés de mis seis años, había algo más, pues la Mujer Biónica estaba enamorada de Steve Austin, -El Hombre Nuclear"- rearmado luego de un accidente de avión militar(¿o astronauta?, eran los años setenta en plena propaganda espacial...) protagonizado por Lee Majors. Solamente en verano alcanzaba a completar la hora frente a la Tv, porque aquí las noches veraniegas parecen una larguísima tarde y nadie piensa en dormir.
Fue una época rarísima, de inconsciencias felices y de ausencias de dolores perfectamente discernidos.
La maestra poderosa
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