Mares en Finisterre

Te escribo desde el hotel, después de esperar una hora en el ciber a que quedara libre.
No te preocupes. Esta situación nuestra me recuerda un día que estaba yo en Finisterre -el fin del mundo gallego- viendo cómo los barquitos en el mar las pasaban moradas, con la tempestad que hacía. Era impresionante porque, con las olas, los barcos dejaban las hélices al aire, y se veían las palas dando vueltas. Cuando desde tierra firme yo miraba la situación tremenda, me parecía que de un momento a otro, las olas engullirían al barquito. Pero me fijé que en cubierta un marinero iba fumando y andaba con las manos en los bolsillos, más tranquilo que en su casa. Entonces, me quedé observando la escena como media hora, y como no pasaba nada, me di cuenta de que las cosas a veces son más angustiantes desde afuera donde estás tú que desde dentro donde estoy yo.


Julio

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